lunes, 17 de agosto de 2009

el escritor no tiene quien le escriba



Muchas veces mis alumnos del fútbol me preguntan ¿Si la hermenéutica, telúrica incaica, trastrueca, la peripatética notrética de la filosofía aristotélica, por la inicuidad fáctica, de los diálogos socráticos no dogmáticos?

– Yo siempre les respondo que NO, –
¿Qué no que?
– Que no sé –


El escritor no tiene quien le escriba

El panorama era el mismo, al abrir mis ojos observaba en forma perdida el techo de mi alcoba, ordenaba pensamientos, ideas y me zambullía en el mar de algún recuerdo, para luego meditar sobre el oficio de escritor.

Después de narrar varias historias mías, ajenas y una que otra fantasía loca; de jugar con sucesos cotidianos y prestarme la vida de los demás; de crear personajes tan comunes como una mucama y extraordinarios como un súper héroe sin poderes, de tratar de vivir en un sin fin de párrafos, lo que hasta ahora la vida se a negado a hacerme experimentar, de disfrazar de amigos a mis enemigos, de manipular momentos vacíos y sin emoción para convertirlos en recuerdos placenteros y adrenalínicos, de ser El Dios y el diablo en guerras ateas; de fingir ser arquitecto de palabras al formar muros de versos o escaleras en prosa, que me lleven a la azotea del amor o el desamor , de narrar historias que nunca son contestadas, de ser lo que dirían o dicen algunos que soy “escritor” y esta palabra va entre comillas para mi, porque quizás no lo soy . Quizás solo soy como aquellos que rayan frases en los baños, comentarios jocosos, divertidos, muy escuetos pero con una lógica y gracia singular, aquellos autores generalmente anónimos, talentosos en la formación de estas frases, algunas tan graciosas como esta “Angélica este baño y yo somos testigos de que ya no eres virgen” ellos no son escritores o ¿si? Si no lo son ¿que son? Rayadores de baños (esto suena a utensilio de cocina), cuál es el requisito que debe cumplir un creador de frases para ser considerado escritor. Sin ir muy lejos en toda mi época estudiantil, pude leer miles de declaraciones amorosas y agravios solapados por el anonimato, escritos en carpetas , estas frases, poemas y versos solían entretenerme, emocionarme e intrigarme algunas veces, recuerdo uno en especial “Te quiero y mucho, lo sabes, soy aquel que nunca te mira a los ojos; el que perfuma su vida con el olor de tus cabellos” y este lo recuerdo no porque me halla gustado si no más bien porque al correr de los días encontré a su lado, una respuesta “claro que lo sé, lo e notado a través de las ventanas oscuras, que cubren la belleza de tu alma”, al pasar los días comprobé que la carpeta se llenaba cada vez más de frases similares, de pistas precisas que dibujaban a modo de acertijo el rostro de los autores, que al final termine por descubrir al chico de ventanas oscuras, que no era otro, que un chico que usaba lentes en clase . Pensé una vez más en la interrogante, de que si aquellos amantes declarados en tan bellas frases merecen el título de “escritores” (reitero a las comillas pues quizás tampoco lo sean)

Vuelvo al ejemplo de los rayadores de baño, pues aquella frase antes mencionaba sobre Angélica obtuvo respuesta o continuación, la cual tan solo y únicamente por referencia me atrevo a mencionar “No solo este baño, si no todos los baños de la U, Angélica eres una puta” al terminar de leer esta última frase entendí algo. El escritor, aquel que disfraza las verdaderas historias, crea fantasías o simplemente se atreve a contarlas tal como sucedieron de manera entretenida en un frío papel,(papel que aguanta y soporta de manera indistinta a verdades y mentiras; tanto secretos, como grandes chismes; que es escenario de sangrientas batallas y de románticos amores) para lograr un solo objetivo, entretener al lector, a este devorador de historias y vidas ajenas, este sujeto que sin pertenecer a aquella historia narrada, se convierte en un personaje mas de la trama a narrar, a este que busca revivir de manera diferente, los sucesos similares acontecidos en su vida, que para el tan monótona carece de diversión y emoción .
A diferencia de Rayadores de baño (aún no se como llamarlos) y de los Versistas de carpetas (así e decido llamarlos) que buscan ser leídos para informar, delatar, ensalzar, insultar y hasta enamorar, bajo el sello del anonimato, que en la mayoría de los casos recibe respuesta a sus escritos continuando con una historia desde su punto de vista, con el fin de cumplir y satisfacer algún deseo propio.

El escritor, no siempre desea cumplir algún objetivo personal especifico, quizás solo narrar con el fin de ser leído, o transformar en verdades todas las mentiras de su vida, pero con la intención de que el lector, aquel extraño, desconocido, se entretenga y viva la historia impresa en el papel, historia que nunca encontrara respuesta, pues el escritor no tiene quien le escriba. Historia que no acaba con la muerte de algún personaje, o con la boda de los eternos enamorados si no que concluirá de la misma forma siempre, con un punto final, aquel punto que en realidad siempre son tres puntos seguidos; pues al igual que las frases en los baños o los acertijos en las carpetas merece ser continuada como la vida misma.
La alegría y satisfacción de este constructor de versos e historias, pasa por el llanto, la risa, la alegría o la melancolía de algún extraño, que por dicha o infortunio llegue a leer aquel relato (según sea lo que produzca en su lector). Al terminar esto entendí que aquel grado o apelativo de “escritor” (insisto con las comillas, porque tal vez este muy lejos de serlo y no se ajuste a la verdad lo que escribo) te lo otorgan los lectores, aquellos extraños o conocidos, que al leer algún escrito creen que son obra de tu puño y letra, mientras “termina” (también entre comillas pues para el escritor no termina con aquel punto final) el relato narrado. Muchas veces e deseado recibir respuesta de cada una de las historias que e narrado y que injustamente termine asesinando con un punto final, pero estas respuestas nunca llegaron ni llegarán; porque ya cumplieron su objetivo con el lector y porque como dije antes “el escritor no tiene quien le escriba”