Todas las madrugadas de insomnio, suelo pararme en la ventana y desde la altura de mi cuarto, observar como si estuviera en el cine, una película nueva cada noche, a veces interesantes y en otras aburridas que consiguen regresarme a la cama, con ganas de que amanezca mucho más rápido; pero en esas tantas películas empezó a repetirse una escena particular, la vecina del piso de abajo, casi una niña de unos quince o dieciséis años a lo mucho, cruzaba la avenida siempre puntual alas doce con quince minutos. Se inicia el martes y mi estómago se encarga de despertarme por alimento, me visto y bajo el sin fin de escaleras desde el quinto al primer piso, al salir enciendo la música a todo volumen, me coloco los audífonos y al doblar la esquina observo a mi pequeña vecina una vez más cruzando la calle, está vez con ropa más corta, miro el celular y son exactamente las doce con quince; el hambre me conducía al “fast food” de la esquina, pero la intriga le gana al apetito y decido seguirla, camina por el callejón y llega a la plaza, desde la banca observo en primera fila el desenlace de mi película del martes, un taxi se detiene delante de
ella, ella se acerca pero en cuestión de segundos el vehiculo se marcha raudamente, pasan tan solo dos minutos y un automóvil negro se cuadra al lado suyo y como ensayado previamente, ella sube de inmediato y se pierde junto con el auto al doblar la calle. Son la una, el hambre se me ha ido, estoy seguro de lo que hace Martita, mi vecina, en las noches; pero me resisto a creerlo, nomás ayer la mire desde la ventana jugando con sus patines junto a su hermanito. En clase mi atención se ido con Martita y el auto negro, estoy nublado, ido, Viviana lo nota – qué te pasa? – interroga de manera tosca – a mí nada, pienso en un negocio – respondo y me marcho de clases, buscando que la soledad me permita entender de manera más clara lo que sucede. Regreso al edificio subo en forma cancina las escaleras en busca de mi alcoba, al pasar por el cuarto nivel, me
detengo en hall y me que quedo hipnotizado mirando la puerta de Martita, al rato sale ella vestida con un vestido largo, dos colas y un chupete en la boca, toda una niña; me saluda con un inocente movimiento de mano y una sonrisa tierna, luego se pierde corriendo la escaleras. Llego a mi cama, caigo sin fuerzas cans
ado de tanto pensar, duermo de inmediato; Martita sale de su puerta con una minifalda a cuadros, un top blanco diminuto y tacos se lanza encima mió se quita el chupete negro que tenía en la boca y lo coloca en la mía con total sensualidad, en eso un timbre le pone música a la escena; pero es muy fuerte y logra despertarme de mi acalorado sueño, es Viviana, recién lo recuerdo es martes y ella suele escapar de casa con la excusa de un curso de nivelación los martes y jueves para venir a verme, la recibo con las ganas de una persona que le abre la puerta a un vendedor que lo interrumpió, cuando iba a ver la escena final de una buena película. Me saluda, con un frío beso en la mejilla, se sienta en la cama y comienza – ¿qué diablos te pasa ah, hoy te fuiste, sin decir nada, a dónde fuiste? – medio somnoliento, pienso rápido, invento la primera mentira que se me viene a la cabeza, no sin antes asegurarme que sea lo que ella quiere escuchar, pero es obvio que cuando una mujer desea pelear, lo hace así le des toda la razón, se para en forma brusca, se marcha no sin antes mandarme al mismísimo diablo; por primera vez no salgo detrás de ella, para convencerla que se quede a dormir conmigo. Son las doce del miércoles sin necesidad de alarma mi cuerpo da un brinco y se para en forma autómata de la cama, me visto, espero que pasen quince minutos y salgo en busca de la niña de la noche, con la leve ilusión de no encontrarla, pero ella es precisa, coge el callejón y de vuelta a la plaza, esta vez no deseo ser observador quiero ser el protagonista principal de la película, me acerco a Martita – ¿Cuánto quieres por acompañarme esta noche? – le digo sin miramientos y con total seguridad, en mí pienso que ella va a salir corriendo a penas reconozca mi rostro; pero una vez más estoy equivocado, con la mayor frialdad, coge mi mano, me conduce a un taxi para luego terminar con mi fantasía.
ella, ella se acerca pero en cuestión de segundos el vehiculo se marcha raudamente, pasan tan solo dos minutos y un automóvil negro se cuadra al lado suyo y como ensayado previamente, ella sube de inmediato y se pierde junto con el auto al doblar la calle. Son la una, el hambre se me ha ido, estoy seguro de lo que hace Martita, mi vecina, en las noches; pero me resisto a creerlo, nomás ayer la mire desde la ventana jugando con sus patines junto a su hermanito. En clase mi atención se ido con Martita y el auto negro, estoy nublado, ido, Viviana lo nota – qué te pasa? – interroga de manera tosca – a mí nada, pienso en un negocio – respondo y me marcho de clases, buscando que la soledad me permita entender de manera más clara lo que sucede. Regreso al edificio subo en forma cancina las escaleras en busca de mi alcoba, al pasar por el cuarto nivel, me
detengo en hall y me que quedo hipnotizado mirando la puerta de Martita, al rato sale ella vestida con un vestido largo, dos colas y un chupete en la boca, toda una niña; me saluda con un inocente movimiento de mano y una sonrisa tierna, luego se pierde corriendo la escaleras. Llego a mi cama, caigo sin fuerzas cans
ado de tanto pensar, duermo de inmediato; Martita sale de su puerta con una minifalda a cuadros, un top blanco diminuto y tacos se lanza encima mió se quita el chupete negro que tenía en la boca y lo coloca en la mía con total sensualidad, en eso un timbre le pone música a la escena; pero es muy fuerte y logra despertarme de mi acalorado sueño, es Viviana, recién lo recuerdo es martes y ella suele escapar de casa con la excusa de un curso de nivelación los martes y jueves para venir a verme, la recibo con las ganas de una persona que le abre la puerta a un vendedor que lo interrumpió, cuando iba a ver la escena final de una buena película. Me saluda, con un frío beso en la mejilla, se sienta en la cama y comienza – ¿qué diablos te pasa ah, hoy te fuiste, sin decir nada, a dónde fuiste? – medio somnoliento, pienso rápido, invento la primera mentira que se me viene a la cabeza, no sin antes asegurarme que sea lo que ella quiere escuchar, pero es obvio que cuando una mujer desea pelear, lo hace así le des toda la razón, se para en forma brusca, se marcha no sin antes mandarme al mismísimo diablo; por primera vez no salgo detrás de ella, para convencerla que se quede a dormir conmigo. Son las doce del miércoles sin necesidad de alarma mi cuerpo da un brinco y se para en forma autómata de la cama, me visto, espero que pasen quince minutos y salgo en busca de la niña de la noche, con la leve ilusión de no encontrarla, pero ella es precisa, coge el callejón y de vuelta a la plaza, esta vez no deseo ser observador quiero ser el protagonista principal de la película, me acerco a Martita – ¿Cuánto quieres por acompañarme esta noche? – le digo sin miramientos y con total seguridad, en mí pienso que ella va a salir corriendo a penas reconozca mi rostro; pero una vez más estoy equivocado, con la mayor frialdad, coge mi mano, me conduce a un taxi para luego terminar con mi fantasía.



