
El vaivén horizontal de los cuerpos había concluido, después de un orgasmo fingido, se vistió con la escasa ropa que trajo, se peino como pudo con lo dedos su roja cabellera, se acercó hacia mi y estirando la mano – son ciento cincuenta – me dijo; con un movimiento de cabeza le señalé la mesa de noche, fue hacia ella cogió los billetes, los guardó en su diminuta cartera plateada y se marcho con el sonido de sus tacos como música de fondo. La soledad era otra vez mi compañera de alcoba, el claxon de un taxi que esperaba a mi ocasional compañera, matizaba el ambiente, un cigarro me ayudaría a encontrar a aquel sueño que se fue cuando la verdadera Mirella me dejó y que extrañaba tanto cuando los efectos del alcohol pasaban. Cada fin de mes se repetía la historia y conseguía ocasionales Mirellas para asesinar el sin de imágenes que en mi cabeza desfilaban como soldados declarándome la guerra, y ganándome cada batalla sin que yo oponga resistencia; es que mi cama se acostumbró tanto a ella que mi colchón tiene la forma de su espalda, y su silueta se forma en la pared donde solía recostarse a fumar, cada amanecer el sol se olvida ya de pasar por mi ventana, por que sabe que ella no está para observarlo, no hay sentido en llamarla pues mi voz provoca su silencio siempre, sé que la perdí por nun
ca tratar de de encontrarla. Al irse no le pude decir gracias por todo lo que me dio y me enseño ya que por todo eso se llevó el doble de mi; pero para que hablar de ella si la fe en su regreso se ha deshecho, la única esperanza es que el cheque de fin de mes nos traiga de vuelta a otra Mirella, pelirroja, morena o rubia de ciento cincuenta o de doscientos soles, al final es lo mismo mi última Mirella me dejara su perfume de soledad igual que el que dejó la verdadera al irse…
ca tratar de de encontrarla. Al irse no le pude decir gracias por todo lo que me dio y me enseño ya que por todo eso se llevó el doble de mi; pero para que hablar de ella si la fe en su regreso se ha deshecho, la única esperanza es que el cheque de fin de mes nos traiga de vuelta a otra Mirella, pelirroja, morena o rubia de ciento cincuenta o de doscientos soles, al final es lo mismo mi última Mirella me dejara su perfume de soledad igual que el que dejó la verdadera al irse…
1 comentario:
hola qtal profe
chusa se paso he
usted siempre
ps
inspirandose ejje
sabe uno aprende con los ostaculos d ela vida uno puede conseguir loq quiere con todo el corazon pero eso si sin temores .....
solo mirar el presente apesar q las piedras sean dificiles de pasar .......capas no seremos perfectos pero podemos intentarlo"
bye suerte siga asi """"
atte:linan
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