Regrese a mi casa luego de guardar a Max en el patio, con sueño subí a mi cuarto, me ac
osté y programe mi despertador para las siete de la mañana pues tenía que ir a jugar con los chicos del trabajo el campeonato de fulbito como todos los sábados.
Me desperté antes de que suene la alarma, como de costumbre tome una ducha de agua fría, todos dormían aun; así que cogí la caja de jugo del refrigerador y bebía mientras caminaba hacia la cochera , abrí la puerta del garaje, Máx, al verme, comenzó a ladrar y a mover su cola, para evitar que haga bulla le lancé mi sándwich a medio comer y se quedo quieto devorándolo. Me subí al carro música fuerte, como era mi costumbre los sábados, note dos cosas distintas en mi auto en ese instante, la primera que alguien había estado jugando con la caja de cambios y que el cinturón de seguridad estaba rasgado; maldije al pequeño Santiago amigo de Mathias, aquel niño estaba jugando con mi hijo un día antes, ese pequeño tenia un espíritu realmente destructivo, recuerdo que en una ocasión desarmo la radio de la cocina para comprobar si habían personas dentro, este niño siempre me enojaba pero nunca le reclamaba nada pues este me recordaba en parte algo a mi niñez. En el primer semáforo se me acerco un niño me limpio el parabrisas y los faros, él me pidió una moneda y no tenia una sola, así que lo subí a bordo y lo lleve al
comedor del trabajo en donde tenía crédito lo deje; de allí me dirigí a la cancha para el partido. Al llegar todos estaban listos para empezar a jugar – apúrate que ya inicia – dijo Ricardo mi jefe que hacia de nuestro arquero, muy malo para ser franco y colocado en aquel puesto por ser menos inútil con las manos que con los pies y por ser el jefe, el partido termino once a cuatro en contra
nuestro, así que con la moral por los suelos nos fuimos a levantarla con unos tragos al bar de la esquina. Empezamos como a las once de la mañana ahí almorzamos y al promediar las cinco de la tarde mi visión era confusa y mi pulso poco confiable y sin describirlo más estaba completamente ebrio, Carlos mi mejor amigo me dijo - tomemos un taxi para que me lleve a mi casa y luego a la tuya -, pero yo terco insistí en manejar; no suelo ser terco pero aquella vez afloro mi lado más bruto y quería manejar así que me subí al auto prendí el estéreo a todo volumen con la música de Fito Paez.(continurara)
osté y programe mi despertador para las siete de la mañana pues tenía que ir a jugar con los chicos del trabajo el campeonato de fulbito como todos los sábados.Me desperté antes de que suene la alarma, como de costumbre tome una ducha de agua fría, todos dormían aun; así que cogí la caja de jugo del refrigerador y bebía mientras caminaba hacia la cochera , abrí la puerta del garaje, Máx, al verme, comenzó a ladrar y a mover su cola, para evitar que haga bulla le lancé mi sándwich a medio comer y se quedo quieto devorándolo. Me subí al carro música fuerte, como era mi costumbre los sábados, note dos cosas distintas en mi auto en ese instante, la primera que alguien había estado jugando con la caja de cambios y que el cinturón de seguridad estaba rasgado; maldije al pequeño Santiago amigo de Mathias, aquel niño estaba jugando con mi hijo un día antes, ese pequeño tenia un espíritu realmente destructivo, recuerdo que en una ocasión desarmo la radio de la cocina para comprobar si habían personas dentro, este niño siempre me enojaba pero nunca le reclamaba nada pues este me recordaba en parte algo a mi niñez. En el primer semáforo se me acerco un niño me limpio el parabrisas y los faros, él me pidió una moneda y no tenia una sola, así que lo subí a bordo y lo lleve al
comedor del trabajo en donde tenía crédito lo deje; de allí me dirigí a la cancha para el partido. Al llegar todos estaban listos para empezar a jugar – apúrate que ya inicia – dijo Ricardo mi jefe que hacia de nuestro arquero, muy malo para ser franco y colocado en aquel puesto por ser menos inútil con las manos que con los pies y por ser el jefe, el partido termino once a cuatro en contra
nuestro, así que con la moral por los suelos nos fuimos a levantarla con unos tragos al bar de la esquina. Empezamos como a las once de la mañana ahí almorzamos y al promediar las cinco de la tarde mi visión era confusa y mi pulso poco confiable y sin describirlo más estaba completamente ebrio, Carlos mi mejor amigo me dijo - tomemos un taxi para que me lleve a mi casa y luego a la tuya -, pero yo terco insistí en manejar; no suelo ser terco pero aquella vez afloro mi lado más bruto y quería manejar así que me subí al auto prendí el estéreo a todo volumen con la música de Fito Paez.(continurara)
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